VIAJE DE ESTUDIOS REGGIO EMILIA, FEBRERO 2019

Cuando iniciamos esta andadura del Centro de Iniciativas Reggio Emilia, tanto Sandra como yo, teníamos claro que una de nuestras metas era poder organizar Viajes de Estudios para vivir en primera persona la experiencia de la filosofía que defendía Loris Malaguzzi. Somos firmes defensoras de que lo que tus ojos ven, tus manos tocan, y tu alma respira, se queda en nosotras para siempre, haciéndose un huequito allí donde viven nuestros aprendizajes verdaderos.

Así que, sin pensárnoslo dos veces, cogimos nuestras maletas y nos fuimos a recorrer la Emilia Romaña. Cargadas de ilusiones, curiosidad y muchas, pero muchas ganas, de conocer a esas personas que hoy día mantienen el espíritu que inundó esa región tras la segunda Guerra Mundial, y que abrió un nuevo camino de respeto, empatía y amor hacia la educación de la primera infancia.

Y si nos fuimos cargadas, mucho más cargadas volvimos…de emociones, de aprendizajes, de risas y nervios, de sabores, olores y colores, de montañas nevadas…pero, sobre todo, de personas maravillosas que nos abrieron sus puertas encantadas y nos mostraron lo que esta mirada hacia la infancia significa en su día a día. 

Descubrimos que la experiencia educativa que comenzó en Reggio Emilia, se abrió camino a otros lugares donde sus principios y valores, universales, se asentaron para crear una escuela rica y diversa…como Loris Malaguzzi soñaba.

Lo teníamos claro: íbamos a organizar esos viajes, porque la experiencia que vivimos tenía que ser compartida, y porque, en un mundo que tiende cada vez más al conocimiento inmediato obtenido a golpe de click y  tras una pantalla, hacer un stop y acercarnos con todos nuestros sentidos a lo que queremos aprender, merece mucho la pena. Porque en otros lugares se estaba haciendo una revoluciín educativa tan interesante como la que comenzó después de la segunda Guerra Mundial, y eso debía ser contado y compartido. Lugares como San Miniato, Pistoia, Livorno…

El tiempo que precedió al viaje estuvo lleno de conversaciones, planificaciones, reuniones y algoritmos varios para cuadrarlo todo y poder ofreceros la propuesta formativa que nos parecía más completa e interesante. Y, por fin, llegó el día en que un grupo de mujeres valientes (y algunas de sus parejas y sus bebés!) decidieron embarcarse en esta gran aventura, que, para nosotras, significaba tanto.  ¡GRACIAS, CHICAS!

El primer día, nos conocimos en San Miniato, punto desde el que partió nuestra expedición. Los nervios y la ilusión se notaban en el ambiente, y con ellos estuvimos los siguientes tres días, que fueron una de las experiencias más enriquecedoras que hemos vivido, no solo profesionalmente, sino personalmente, como dice una de las alumnas del viaje, Cristina Álamo: «Nuestro Viaje a Reggio Emilia, me ayudó a descubrir una nueva manera de enseñar, de transmitir y de disfrutar con los protagonistas de nuestra bonita historia: los niños y las niñas, aquéllos que comparten cada día con nosotras sus risas, inquietudes, desencantos… Un viaje que recuerdo con mucho cariño y que marcará un antes y un después, no solo en mi experiencia como educadora, sino como parte de mi vida. Seguir aprendiendo es la mejor manera de enseñar, desde el respeto, la sencillez de cada pequeño aprendizaje…desde su mirada».

En San Miniato, pudimos conocer de primera mano la historia de este municipio que, de la mano de Aldo Fortunati (compañero de Loris Malaguzzi), defiende el protagonismo de los niños y las niñas en el proceso de su propio crecimiento y en el desarrollo de sus relaciones, conocimientos y aprendizajes. Visitamos sus Nidos, charlamos y disfrutamos de las reflexiones del grupo con las maestras, visitamos el Centro de Investigación y Documentación sobre la infancia…pero, sobre todo, pudimos empaparnos de la magia que inunda sus ambientes, de las miradas confiadas y tranquilas de los niños y niñas cuando son acompañados desde la calma, la observación y desde la presencia plena. 

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Aprendimos que los materiales naturales son los que realmente conectan con las necesidades de la infancia, que no se necesitan instalaciones carísimas y materiales super didácticos porque lo que hay que tener son ganas e imaginación, y con esto, eres capaz de construir grandes cosas! Que los niños y las niñas puedes compartir espacios sin tener que estar segregados por edades, pues los aprendizajes que se dan en esos ambientes, son mucho más enriquecedores, para grandes y pequeños. Que observar y documentar es mucho más potente que calificar, poner el foco en el proceso, más bonito que ponerlo en el resultado. 

Tras este intenso día, nos dirigimos al epicentro de esta experiencia educativa, para visitar el Centro Internacional Loris Malaguzzi, en Reggio Emilia. Allí, de manos de una pedagoga que ha trabajado en sus escuelas durante más de treinta años, pudimos adentrarnos en su Historia, conocer sus raíces feministas, entender las bases sobre las que se sustenta la idea de que los niños y las niñas son parte esencial de la ciudad, que pueden aportar cultura a la misma, construyéndola y transformándola. Pudimos ser atelieristas por un rato, manipular elementos y crear nuestras propias provocaciones, jugar  y disfrutar y…por un momento, convertirnos en sujetos activos de la pedagogía de la maravilla!

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Y, no podíamos irnos sin visitar, por supuesto, un Centro Remida, parte esencial en esta filosofía educativa, y gracias a los cuales, los niños y niñas aprenden sobre reciclaje creativo, sobre dar un nuevo uso a los materiales que otros pueden desechar y sobre el poder de la imaginación! 

Así que nos fuimos  a Bolonia, a disfrutar de la experiencia de crear nuestros propios materiales, de jugar con la luz y la oscuridad, con los paisajes digitales… Aprendimos que hay belleza hasta allí donde no estamos acostumbrados a verla, que dentro del corazón del material hay una infinitud de cosas que están naciendo…

No os puedo contar con palabras lo que vivimos en este viaje, en el que también hubo tiempo para visitar ciudades, compartir comidas ricas, saborear exquisitos helados  y hasta de bailar juntas frente a la catedral de Florencia con musicos callejeros… Pero lo que sí os puedo decir es que estamos tan seguras de que es una experiencia tan enriquecedora, que estamos preparando el siguiente Viaje con la misma ilusión que éste que os contamos hoy, y estaríamos encantadas de contar contigo para compartirlo! ¿Te vienes?

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