EL VALOR PEDAGÓGICO DE LOS CUIDADOS EN LA PRIMERA INFANCIA

Los cuidados infantiles son los pilares de la autoestima, del cuidado de sí mismo, de la seguridad emocional y por lo tanto de la comunicación con el otro y con el mundo.

Si tenemos en cuenta la frase que acabamos de leer, se hace indispensable que le demos una pensada al tema de los cuidados infantiles en la primera infancia. Porque la realidad es que muchas veces a estos momentos de cuidados no se les da el verdadero valor que tienen. Y eso a veces en el mejor de los casos, pues otras veces se viven con una sensación de frustración y estrés tanto en las personas adultas que acompañan estos momentos como en las criaturas que los reciben.

Por supuesto, no siempre pasa así, o no pasa así en todos los momentos de cuidado, pero la realidad que nos encontramos es que es un tema recurrente en las familias y los equipos educativos con los que trabajamos la necesidad de atender de una manera diferente estos momentos de cuidado.

Y, teniendo en cuenta que en el tramo de 0-3, sobre todo, el día a día de los niños y niñas mientras están despiertos transcurre entre los cuidados y la actividad autónoma, creemos que merece la pena pararnos a reflexionar y poner conciencia en cómo acompañamos y cómo queremos acompañar estos cuidados.

Pero, vayamos por partes..

¿Qué son exactamente los momentos de cuidados?

Cuando hablamos de cuidados infantiles hacemos referencia a tres áreas principalmente:

  • Higiene, haciendo referencia aquí al baño, limpieza, vestir y desvestir, cambio de pañal, acompañamiento en el control de esfínteres…
  • Alimentación, ya sea en la fase de lactancia, en el momento de la alimentación complementaria o cuando ya comen sólidos únicamente
  • Descanso y sueño

Cuidar una criatura requiere de una gran implicación, sobre todo los primeros años de vida, en los que estos momentos de cuidado suponen una gran parte de nuestro tiempo. Nuestra actitud como personas adultas a la hora de atender estos momentos es fundamental para crear un vínculo seguro que repercutirá favorablemente en su futuro, como más adelante veremos.

Y es que a través del contacto corporal, de las caricias y las palabras afectuosas que le brindamos al infante cuando atendemos sus necesidades de cuidado, éste se va conociendo a sí mismo, y a la vez, a la persona que lo cuida. De hecho, la primera conciencia que tiene un bebé de sí mismo y de su cuerpo se da cuando experimenta los límites del mismo mientras es atendido.

Y no lo decimos nosotras, ya hay algunos estudios sobre neurociencia que afirman que es posible «dejar huellas en la piel del bebé» y que, por tanto, los cuidados corporales son un momento privilegiado de interacción entre la persona adulta de referencia y el infante.

¿Qué influencia tienen en los niños y las niñas?

A través de los momentos de cuidado vividos de manera cariñosa, placentera y respetuosa, los infantes aprenden a:

  • Sentirse respetados y dignos, asumirse como personas valiosas, por lo tanto podrán más tarde respetar a los demás.
  • Tomar conciencia de su cuerpo, de su esquema corporal y de sí mismo; conociendo su cuerpo y sus límites, quién es él, quién es el otro.
  • Desarrollar una autoestima positiva y respeto por sí mismo.
  • Preservar, cultivar y disfrutar la propia salud física, mental y emocional.
  • Enfrentar situaciones de riesgo o evitarlas en la medida de lo posible, sin afectar su integridad física y emocional.

Es importante creer y confiar en el infante y aceptar sus tiempos, ritmos y formas particulares de aprender. En este caso, como siempre, la observación nos dará la clave para saber en qué momento se encuentra esa criatura y cómo respetar sus necesidades e intereses legítimos.

Como en otros momentos de adquisición de independencia, aquí también, la graduación, la flexibilidad y la capacidad de retroceder son de una importancia fundamental.

 

Por ello, no podemos adelantarnos y tener expectativas alejadas de la realidad, cosa que se ve sobre todo, en el tema de la «retirada» del pañal. Pero de este tema hablaremos en otro post.

Como personas adultas....¿cómo favorecemos el desarrollo de la infancia durante estos cuidados?

Las personas adultas tenemos la capacidad de ser agentes de socialización, personas que sientan las bases del crecimiento seguro de las criaturas. Para ello, debemos:

  • Organizar los espacios, materiales y tiempos que se requieren para atender con comodidad las necesidades de cuidado de los niños. Si vivimos estos cuidados como momentos de conexión entre nosotros, seguro que nos apetece vivirlos desde la tranquilidad y le dedicamos el tiempo que merecen, disfrutándolos y viviéndolos como auténticos regalos.
  • Prestar atención a las manifestaciones del infante, dando respuesta a sus necesidades. Aunque estemos ante un bebé muy pequeño, se expresan de muchas maneras con sus cien lenguajes. La observación vuelve a ser nuestra gran aliada. Solo hace falta entrenar la mirada para detectar cuándo se encuentran a gusto o cuando algo les está pareciendo desagradable, por el contrario.
  • Brindar los cuidados manteniendo un buen estado de ánimo, calmado y relajado. Y sí, esto no es siempre fácil, y a veces es imposible. Hay momentos en que el estrés o la necesidad de atender a otras criaturas o asuntos hace que no siempre sea posible hacerlo en un estado zen. Pero, darnos cuenta de que estamos tensos, nerviosos, o con prisas, y ser capaz de respirar…ya es un gran paso.
  • Anticipar al niño o la niña, con palabras y gestos lo que hará o vendrá. Esto es fundamental, pero no solo en los momentos de cuidados, sino SIEMPRE. ¿Te imaginas vivir sin saber qué va a suceder justo un segundo después? ¿Vivir expuesto  o expuesta a que alguien venga, te coja, te suelte o lo que quiera sin previo aviso? Debe ser una situación muy desagradable, y eso es lo que viven muchas veces nuestras criaturas. Por ello, es imprescindible poner palabras a lo que va a pasar, de manera muy especial, cuando vayamos a intervenir de cualquier forma en el cuerpo del niño o la niña.
  • Mantener el contacto visual y la comunicación permanente con el infante que atendamos. No sólo se sostiene con los brazos y el cuerpo, también la mirada, la palabra y nuestra actitud respetuosa y cariñosa sostienen a un niño. Del mismo modo, no solo comunicamos con nuestras palabras, también lo hacemos con nuestra actitud.
  • Hacer participar al infante en sus cuidados, sin forzarlo, respetando sus ritmos. Cuando hacemos partícipes al niño o la niñas de sus propios cuidados estamos sentando las bases de un autocuidado sano y respetuoso con su salud.

Un infante al que se le permite participar activamente en los cuidados, requerirá menos de la asistencia del adulto y de esta forma alcanzará sentimientos de competencia y seguridad en sí mismo que lo acompañarán durante toda la vida, vivirá en un equilibrio emocional y afectivo satisfactorio, y aprenderá también a tomar iniciativas en otros aspectos aún sin la presencia del adulto.

 Y nada más por hoy, solo recordarte que siempre, siempre…la clave está en la mirada hacia la infancia: ¿QUÉ NIÑOS Y NIÑAS QUEREMOS AYUDAR A CRECER? 

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