LA EXPOSICIÓN COMO ALTERNATIVA A LA EVALUACIÓN TRADICIONAL: DOCUMENTAR LA EXPERIENCIA PEDAGÓGICA

«Si hemos tenido la paciencia y la prudencia de seguir, discretos, el juego de los niños, habremos tenido la oportunidad de registrar fogonazos imprevistos e inesperados de palabras, de gestos, de pantomimas, de ficciones, de descubrimientos…»

Loris Malaguzzi

La evaluación en Educación Infantil es uno de los cabos sueltos que tenemos que resolver para dotar de sentido nuestra práctica docente en el contexto de un nuevo paradigma educativo donde la infancia tenga un papel activo y visible, protagonizando su propio proceso de aprendizaje.

Se trata de evolucionar  desde la evaluación tradicional donde el foco se asienta sobre los méritos obtenidos por parte de los niños y las niñas hacia una evaluación continua y global, donde no solo interese conocer los logros y progresos que los niños y niñas van alcanzando sino que, fundamentalmente, centremos nuestra atención en el proceso y evolución que ha seguido el proceso de enseñanza-aprendizaje.

Así, la evaluación debe ser formulada en dos direcciones. Por un lado, dirigida a identificar los aprendizajes adquiridos y el ritmo y características de dicho progreso, en relación al alumnado. Y, por otro lado, dirigida a evaluar y reflexionar sobre el contexto que se ofrece a los menores, para para podernos ajustar mejor a sus necesidades y fomentar un desarrollo más saludable.

Y una herramienta para llevar a cabo la evaluación del proceso como reflexión abierta y flexible es la Documentación Pedagógica. Documentación que no consiste en fotografiar a los niños y las niñas mirando a cámara en días señalados o después de realizar determinada actividad. Documentación que no es ordenar cuidadosamente los trabajos realizados a lo largo del curso para entregarlos a las familias al final de la etapa. Documentar es, partiendo de una observación plena y una escucha activa, ser capaces de recoger lo acontecido en el aula, devolviendo una interpretación y una reflexión, dando visibilidad al proceso y a todos sus actores.

 

ESCUCHA

“Si el niño es portador de teorías, interpretaciones, preguntas y es coprotagonista de  los procesos de construcción de su propio conocimiento, el verbo más importante que guiará la  acción educativa no será ya «hablar», «explicar» o «transmitir», sino «escuchar»”  

Carla Rinaldi

Cuando hablamos en este contexto de la escucha, no se trata simplemente de escuchar lo que dicen los niños y las niñas, sino de crear un clima receptivo: un clima de escucha en el que deben reunirse todos los protagonistas de la escuela, esto es, niños y niñas, familias y maestros. Hablar así de la escucha implica hacerlo respetando la complejidad de las relaciones entre todos los elementos que entran en juego en un contexto como el de la escuela.

La escucha es una actitud receptiva que presupone una mentalidad abierta, una disponibilidad para interpretar las actitudes y los mensajes lanzados por los demás y, al mismo tiempo, la capacidad de absorberlos y legitimarlos. Es una actitud que debemos adoptar si creemos en un modelo educativo que considere a los niños y las niñas como transmisores de cultura, como personas capaces de crear y construir significados mediante procesos sutiles y complejos.

 

OBSERVACIÓN

La escucha, de este modo, convierte al adulto o adulta en observador, pero observador que, a su vez, forma parte de la realidad que observa. Observar, pues, no es tomar notas y fotografías simplemente, sino ser capaz de interpretar e intervenir en el proceso objeto de observación.

El personal docente debe saber observar, utilizar los medios que resulten necesarios y ser coherente cuando se halla en esta condición de observador-interpretador,(y por tanto, cocreador) de la realidad.

Por ello es necesario elegir qué observar, para decidir qué, cómo, cuándo y por qué documentar, cuestiones imprescindibles para llevar a cabo un proceso de cambio a través de la evaluación educativa.

 

PARA QUÉ DOCUMENTAMOS

Varios son los motivos que podemos encontrar para dar sentido a la documentación pedagógica, como dar visibilidad a la acción que se ha desarrollado, a los procesos de conocimiento que se han articulado y discutir e interpretar este proceso o bien dar forma a la realidad que se ha construido junto con los niños y niñas.

Pero hay otra razón que no  podemos desdeñar y es la de contribuir, a través de esa documentación, a regenerar las expectativas y las imágenes que tienen las familias de sus hijos e hijas, normalmente estereotipadas y simplificadas, debido a los procesos de evaluación tradicional, abriéndose al disfrute de un contexto de diálogo y debate que permite hablar de lo que sus niños y sus niñas hacen realmente y de lo que, efectivamente, son capaces de hacer.

Por suerte, cada vez hay más escuelas que apuestan por otro tipo de educación, y, por ende, otro tipo de evaluación.

En Escuela de Colores hace años que tienen claro que la documentación pedagógica es la manera en que quieren relacionarse con los niños y niñas que día adía habitan sus aulas, y, por ello, cada año realizan una exposición pública en la que muestran un poquito del proceso de enseñanza-aprendizaje vivido durante el curso a todo aquél que quiera sumergirse en lo que los niños y niñas de la escuela tienen que enseñarnos, como creadores de cultura que son.

 ¡Las familias en concreto y la ciudadanía en general son bienvenidas!

Pero este año, debido a las circunstancias sobrevenidas, la exposición no se ha podido llevar a cabo en el Museo de la Autonomía de Coria del Río, donde estaba prevista, pero aún así, no han querido dejar de compartir un trocito de lo que se ha sentido, olido, respirado, pintado, tocado, reído y gozado en sus aulas este año…¡esperamos que os guste!

 

PORQUE OTRA EDUCACIÓN ES POSIBLE, Y OTRA EVALUACIÓN, ¡TAMBIÉN!

 

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