ACERCAR EL ARTE A LA INFANCIA. NUESTRO PASO POR ARTSUR

 

El pasado mes de Junio estuvimos en Art Sur – Festival de Arte Contemporáneo. Una iniciativa preciosa de un pueblo que entiende la importancia de acercar el arte contemporáneo y conceptual a sus calles, con un carácter multidisciplinar, en el que sus vecinos y vecinas tienen cabida y aportan al mismo un toque de cariño, hospitalidad y alegría.
 
Nos hemos sentido arropadas por sus lugareños y muy afortunadas de poder compartir espacio con los artistas que pasaron por allí, verlos trabajar ha sido un regalazo! Pero, como decíamos a todas las personas que pasaron por el Local de Manolo y Manolita (¡Solo para hablar de la ternura y amabilidad de esta pareja que nos cedió alegremente el local de su casa para nuestra exposición, necesitaríamos un post entero!), nosotras no somos artistas.
 
Qué hacíamos entonces allí, os preguntaréis. Bien, nuestra exposición era una recreación de la muestra del trabajo realizado por las niñas y niños de Escuela de Colores, en Coria del Río, Sevilla, durante el pasado curso escolar. Esta muestra se expuso en el museo de Autonomía de dicho pueblo, como alternativa a la evaluación tradicional, y con ella, la escuela quedó finalista para los Premios de Innovación Educativa de 2018.
 
Es cierto que no somos artistas, pero llevamos hasta La Victoria arte. Arte, porque al disponer de determinadas herramientas y materiales ante una serie de niños y niñas, lo que aparecía ante nuestros ojos, tenía una estética y presentación muy artísticas. Arte, porque la diferencia entre los niños y los artistas en nuestra opinión se desvanece, pues lo que existe es un verdadero equilibrio entre el arte, los artistas y la infancia. Vea Vecchi, en su libro Bambini, arte e artisti, lo expresa muy bien:
“La relación empática con las cosas, el tener firmemente entrelazados los aspectos cognitivos con los expresivos, la facilidad para usar de modo transversal y con gran soltura varios lenguajes al mismo tiempo […], la alegría y el esfuerzo de interpretar son actitudes análogas, características comunes en los niños y en los artistas. Tal como lo son la frecuente construcción de metáforas y las conexiones entre sujetos diferentes e inesperados, probablemente porque ambos (niños y artistas) son capaces de elaborar imágenes mentales no encerradas en rígidas categorías de pensamiento
En cambio, lo que diferencia a los niños de los artistas […] es la tensión del artista para enseñar las fisuras, las contradicciones, el aspecto oculto de las cosas; pero, sobre todo, es el empeño de los niños para vivir (y crecer) en mundos que tienen distintos tiempos y pulsiones “.
   
     
Por supuesto, no confundimos artistas con niños y niñas, pero nos parece importante la relación existente entre ellos. Nos parece importante explicar por qué creemos imprescindible poner a disposición de los niños y niñas herramientas artísticas y expresivas para que puedan acceder a ellas de manera libre y espontánea.
 
No buscamos una obra final, no esperamos un desenlace artístico de la actividad, sino que creemos en la actividad artística en sí, no como actividad artística, sino como proceso expresivo. Aunque, bueno, en realidad el arte es eso,no? De hecho, en una conversación que mantuve con una de las artistas que estaban trabajando este fin de semana en el Festival, le hice referencia a la dificultad que veía en tener que acabar una obra en un plazo concreto de tiempo, a lo que ella me respondió: “Sí, es complicado, porque es ponerle plazo de entrega a tu expresión”. Más claro agua, verdad?. (La artista de la que os hablo se llama Paula Fraile, es una crack y tiene además, trabajos con niños que os van a encantar!).
 
 
 
Creo que no hace falta más argumentos para defender el que los niños y niñas dispongan del tiempo que necesiten para manipular, experimentar y jugar con los materiales, pues lo que están haciendo es, nada más y nada menos que expresar. Expresar lo que viven, lo que sienten, lo que son. Expresar mediante el uso de otros lenguajes distintos al literal, tan valorado en nuestro sistema educativo, junto con la cuantificación. Darles la oportunidad de, como dice Loris Malaguzzi en su famoso poema, seguir teniendo esos cien lenguajes que son propios de la infancia como medio de conocimiento y expresión. Porque de esta manera, se cimenta el aprendizaje en la infancia, en el hacer. En la acción, a través de la cual se construye el pensamiento, como afirmaba Piaget. Y no a través de acciones automáticas y dirigidas, sino a través de acciones constructivas y socioconstructivas. Por ello, Loris Malaguzzi, destaca que el pensamiento no nace de la acción sin más, sino que se construye a través de las acciones solidarias de los cien lenguajes.
 
 
Acercar a los niños y niñas al arte, es hacerles un regalo. Es mostrarles que ante una pregunta, no existe una única respuesta, ante un problema no hay una única solución. Acercarles al arte es acercarles a la imaginación, mostrarles la belleza del mundo, decirles que no se queden en la rigidez, que abran sus ojos y su mente a la curiosidad, que expresen lo que quieran y sobre todo, se diviertan, porque aprender puede ser divertido…
 
 
Así que cuando venían las visitas guiadas a nuestro espacio en el festival, se nos llenaba la boca hablando del por qué estábamos nosotras allí, aunque no fuésemos “artistas”. Porque nos encanta nuestro trabajo, porque nos encanta acercarlo a la gente, porque somos felices hablando de la infancia, de la filosofía reggiana, de los ritmos de aprendizaje, de la importancia de la estética y el arte en las escuelas… Y somos felices conociendo a gente como la que hemos conocido en estos días, somos felices aprendiendo de otras miradas, de otras maneras de hacer, y generando debate como los que se han dado en el local de Manolo y Manolita, de la mano de Teresa López y Rafa (@mr. Maestre), unos guías maravillosos.
 
¿Nos vemos el año que viene?
 

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